lunes, 2 de octubre de 2017

“La enunciación”

“La enunciación”
Elvira Narvaja de Arnoux (coord.) Selección y adaptación para la cátedra de semiología

1. Enunciación y enunciado Debo distinguir, en primer lugar, la oración y el enunciado. La oración es un objeto teórico, entendiendo por ello que no pertenece para el lingüista al dominio de lo observable sino que constituye una invención de esa ciencia particular que es la gramática. Lo que el lingüista puede tomar como objeto observable es, en cambio, el enunciado, considerado como la manifestación particular o la ocurrencia hic et nunc de una oración. Supongamos que dos personas diferentes digan “hace buen tiempo", o que una misma persona lo diga en dos momentos diferentes: se trata de dos enunciados diferentes, de dos observables distintos, observables que la mayoría de los lingüistas explican diciendo que constituyen dos ocurrencias de una misma oración, que se describe como una estructura léxica y sintáctica que supuestamente subyace en ellas. Pero, además, distingo del enunciado y la oración, la enunciación de un enunciado. La realización de un enunciado es, en efecto, un acontecimiento histórico: algo que no existía antes de que se hablara, adquiere existencia, para dejar de existir después de que se deja de hablar. Llamo “enunciación" a esa aparición momentánea.

Oswald Ducrot, El decir y lo dicho, Buenos Aires, Hachette, 1984.

La lingüística de la enunciación se propone delimitar y describir las huellas del acto en el producto, de la enunciación en el enunciado. Concebida en forma amplia, la lingüística de la enunciación tiene como meta describir las relaciones que se tejen entre el enunciado y los diferentes elementos constitutivos del marco enunciativo: los protagonistas (emisor y destinatario) y la situación de comunicación (circunstancias espacio-temporales y condiciones generales de la producción/recepción del mensaje: naturaleza del canal, contexto sociohistórico, restricciones del universo del discurso, etc.). Llamaremos hechos enunciativos a las unidades lingüísticas que funcionan como índices de la inscripción en el seno del enunciado de uno y/u otro de los parámetros que acabamos de señalar, y que son por esa razón portadoras de un archi-rasgo semántico específico al que llamaremos enunciatema. A la lingüística de la enunciación le corresponde identificar, describir y estructurar el conjunto de esos hechos enunciativos, es decir, hacer un inventario de sus soportes significantes, y elaborar una grilla que permita clasificarlos. Considerada en sentido restrictivo, la lingüística de la enunciación no se interesa más que por uno de los parámetros del marco enunciativo: el hablante/escritor. dentro de esta perspectiva, los hechos enunciativos que se estudian son las huellas lingüísticas de la presencia del locutor en el seno del enunciado, los lugares de inscripción y las modalidades de existencia de “la subjetividad en el lenguaje". A estos puntos de anclaje los llamaremos subjetivemas (caso particular de enunciatema). La lingüística de la enunciación (en sentido restringido) se centra entonces en la búsqueda de los procedimientos lingüísticos (shifters, modalizadores, términos evaluativos, etc.) con los cuales el locutor imprime su marca al enunciado, se inscribe en el mensaje (implícita o explícitamente) y se sitúa respecto de él (problema de la “distancia enunciativa").

Adaptación de Catherine Kerbrat-Orecchioni, L'énonciation. De la subjectivité dans le langage, París, Armand Colin, 1980. [Trad.: La enunciación: la subjetividad en el lenguaje, Buenos Aires, Hachette, 1986.]

La teoría del discurso es una teoría de la instancia de enunciación que es al mismo tiempo e intrínsecamente un efecto de enunciado. Que la instancia de enunciación sea un efecto de enunciado no significa que ese efecto esté presente en el enunciado bajo la forma de marcadores o indicadores morfosintácticos o semántico-sintácticos sino que debe ser reconstruido o “descubierto" por un esfuerzo de interpretación. Este esfuerzo de interpretación que nos hace descubrir la instancia de enunciación se reduce, de hecho, a una transposición de sentido: se trata en cierta medida de llenar un espacio elíptico gracias a una operación de paráfrasis o catálisis. Si bien existen ciertas marcas convencionales de la enunciación que pueden ser inventadas, estas marcas “empíricas" son sólo una ínfima parte del iceberg enunciativo. No es contradictorio afirmar al mismo tiempo que el lingüista no debe interesarse por la enunciación más que en su dimensión discursiva (instancia de enunciación / efecto de enunciado) y, por otra parte, que la enunciación, aunque marcada en el enunciado, no es enunciada: la enunciación transpuesta a partir del enunciado es la elipsis que se abre “en abismo" por paráfrasis o catálisis. Como decía Kant, hay conceptos que se pueden llamar “paralógicos" desde el momento en que no hay ningún predicado que agote su contenido. El concepto de enunciación es uno de estos conceptos y por eso es más conveniente desplazar la discusión al nivel de las estrategias operacionales o metodológicas. Ahora bien, si se trata de formular una metodología, el concepto de enunciación tiende inmediatamente a dispersarse en dos direcciones que se llaman deictización y modalización de la enunciación. Se trata evidentemente de una doble reducción pero las dos metodologías son, felizmente, complementarias. Una buena buena metodología deictizante presupone necesariamente una organización egocéntrica de la deixis, mientras que una buena metodología modalizante presupone en cambio una organización interactancial y por lo tanto “egofugal": la organización de la deixis se hace a partir del yo (de la subjetividad egocéntrica) mientras que la organización de las modalidades está orientada a partir de una comunidad enunciativa (se podría decir también a partir de la subjetividad comunitaria).

Adaptación de Herman Parret: “L'énonciation en tant que déictisation et modalisation", Langages, 70, 1983.

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